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Kusen Sesshin de otoño 2021 St- George

Zazen 1

Uno de los textos más significativos que me han acompañado e inspirado durante mis años de practica es “Los consejos para la practica” del Maestro Wanshi. A lo largo de este hermoso texto, el Maestro Wanshi, nos guía, acompaña e impregna sobre el camino que emprendemos como verdaderos monjes de la Vía, vistiendo el kesa. El dice: “La practica de la realidad verdadera es simplemente sentarse serenamente en la observación silenciosa interior”.

Hongzhi Zhengjue (jap. Wanshi Shôgaku, fue un Maestro chino del siglo XII, que nació en 1091 y murió en 1157), es uno de los más famosos maestros zen del periodo Song. Su maestro fue un discípulo del gran Maestro Fuyo Dokai. Poco se sabe de su vida, sólo que vivió en varios templos hasta que se instaló en 1129 en el monasterio de Tiantong,. Bajo su dirección, este antiguo templo encontró un nuevo esplendor y atrajo a cientos de monjes. Es ahí que años después Dogen se encontraría con el Maestro Tendo Nyojo. El Maestro Dogen se refería a Wanshi como del antiguo Buddha, Los Consejos para la practica de Wanshi serán de inspiración para el Zazenshin que más tarde escribiría.

Wanshi revitalizó la escuela Soto, propagando y defendiendo el despertar silencioso del Zen Mokusho. Practica que según él era la única capaz de llevar al practicante al verdadero despertar. Dice: “Debido a su carácter espontaneo. Sólo el silencio de la mente nos permite ver las cosas tal como son y ya no según y a través de nuestros prejuicios, ni tampoco de las palabras de convención que les aplicamos como etiquetas que las enmascaran hasta el punto de que ya no percibimos las cosas mismas, sino los nombres que se han sustituido por ellas en nuestra mente”.

Wanshi se muestra especialmente influido por la doctrina de los cinco grados del Maestro Tozan[1], que describe en forma simbólica y poética el viaje interior hacia la integración perfecta de lo absoluto y lo relativo.

Wanshi decía: “La realidad no tiene un aspecto definido por sí misma; se revela con las cosas. La sabiduría no tiene un conocimiento definido por sí misma; se ilumina en respuesta a las situaciones. ¡Mira, el bambú es tan serenamente verde, la flor tan intensamente amarilla! Lo que sea que mires, míralo de verdad. En cada cosa singular, “Eso” se manifiesta con toda claridad”.

Para Wanshi, el objetivo de la práctica es ir más allá de nuestra realización actual y “mezclarse con gracia con la infinidad de seres en el mercado”. Lo absoluto es zazen, lo relativo es la vida cotidiana.

El lenguaje y la profundidad de las palabras de Wanshi, necesitan que nos demos el tiempo para comprenderlas y asimilar su profundidad. Así que compartiremos uno de los párrafos de Consejos para la practica. Dice así:

Sentarse vacío de toda angustia mundana

Si verdaderamente apreciáis en su justo valor un solo rayo de luz, entonces vuestro ojo puede serenamente afrontar el mundo y sus cambios. Dotados de una visión lucida, no os dejéis conducir en error, de este modo las diez mil situaciones no podrán encegueceros. El claro de la luna se mece sobre el agua; el viento sopla entre los pinos. La oscuridad y la luminiscencia no os perturban. El viento que aúlla puede continuar bramando, infiltrándose sin pena en todas partes. Deslizando sobre los acontecimientos, armonizándonos sin desviar, abandonando completamente nuestra cortina de polvo, sin llegar a pesar de todo a nuestro refugio original. Calmad la soberbia de vuestro condicionamiento. Sentaros vacíos de toda angustia mundana, silenciosos y lucientes, claros y resplandecientes, íntegros y listos a aceptarlo todo, universales y abiertos. Sin preocuparos del polvo exterior estad en acuerdo con vuestra propia mente, llegad a este campo y reconoced inmediatamente a los Patriarcas que os han precedido.

El propósito de nuestra practica es ponernos en contacto con nuestro verdadero hogar, el lugar de quietud dentro de nosotros mismos. Darnos cuenta de que nuestro verdadero hogar lo llevamos en nosotros todo el tiempo. ¿cómo entrar allí? La puerta de nuestro corazón está abierta, más allá de lo que hagamos. La libertad, el amor, la compasión, el permanecer quietos, el no controlar, el dejarse llevar, es la puerta a ese hogar dentro de nosotros. No vamos allí midiendo y juzgando. Vamos allí por la quietud y el no pensar. Entonces penetramos en nuestro hogar interior donde podemos residir a voluntad, en cualquier momento.

Conocemos este hogar, este lugar, esto significa que cuando salimos de ahí al mundo, donde trabajamos y vivimos, nos esforzamos y luchamos por el bien de otros seres, pues tenemos un lugar al que volver, un refugio, un hogar. Cuando no tenemos ese refugio, ese hogar, no sabemos cómo escapar de la confusión de la vida”.

 

Zazen 2

Sentarse vacío de toda angustia mundana

Dice: Si verdaderamente apreciáis en su justo valor un solo rayo de luz, entonces vuestro ojo puede serenamente afrontar el mundo y sus cambios. Dotados de una visión lucida, no os dejéis conducir en error, de este modo las diez mil situaciones no podrán encegueceros.

Hay días, o más bien instantes en los cuales logramos olvidarnos de nosotros mismos y sentirnos unidos con aquello que nos rodea, de hecho, ya no lo vivimos como algo que nos rodea, sino que más bien sentimos que somos parte de ello. Esta experiencia quizás la han experimentado algunas veces cuando se encuentran en la naturaleza, cuando el silencio los acompaña y la naturaleza les habla. Cuando estuvimos hace poco en el parque nacional en Grisón, hubo un momento en un lugar preciso, donde el bosque emanaba un silencio y una paz que de repente llenaron mi ser, no es algo que sucede siempre, no en todo lugar, pero ese día en ese bosque me sentí acogida y envuelta por el bosque, me llené de paz y de silencio. No era el bosque y yo, me sentí parte del bosque.

Hay instantes en zazen donde esta experiencia de unidad se realiza, donde no existe separación, donde somos uno con la totalidad. Lamentablemente en el instante en que nos damos cuenta y deseamos atraparlo ella desaparece y nuestra dualidad vuelve a aparecer. Sin embargo, guiados por nuestra práctica podemos realizar que esta misma dualidad hace parte de nuestra realidad, que no existe un estado de consciencia absoluta permanente y que este ir y venir son en ellos mismos el Camino del despertar.

El Maestro Dogen en el Gakudo Yojinshu, texto que habla sobre los puntos a observar en la practica de la Vía dice: Trata de sentarte cortando la raíz de la mente discriminativa. Debes creer que tu ser esta dentro de la Vía del Buddha. Solo si crees que en realidad estás en la Vía, naturalmente aclararas el escenario de la Gran Vía y comprenderás el origen de la ignorancia y la iluminación.

El claro de la luna se mece sobre el agua; el viento sopla entre los pinos. La oscuridad y la luminiscencia no os perturban. El viento que aúlla puede continuar bramando, infiltrándose sin pena en todas partes.

Cuando los torbellinos de nuestra mente se apaciguan, el reflejo de la luna se deposita sobre nosotros, el ir y venir del viento de nuestros pensamientos arrullan su danza, y aun cuando el viento sople, e incluso cuando la oscuridad de nuestra mente vuelve a manifestarse, si permanecemos en la quietud, su soplo y su sombra no nos arrastran con ellos.

El gran Maestro Nagarjuna nos dice: “La mente que constantemente ve la impermanencia de este mundo en incesante aparición y desaparición, se llama la mente de la iluminación”. Simplemente abandonemos nuestra mente egocéntrica y practiquemos serenamente, con confianza, entregándonos totalmente a la obra de zazen. Cuando surjan opiniones egocéntricas, cuando volvamos a dejarnos atrapar por nuestros hábitos mentales, que nos arrastran como un barco a la deriva, regresemos a sentarnos en silencio, iluminando nuestro ser interior.

Deslizando sobre los acontecimientos, armonizándonos sin desviar, abandonando completamente nuestra cortina de polvo, sin llegar a pesar de todo a nuestro refugio original.

Podemos experimentar la calma, la tranquilidad, soltar nuestros diálogos mentales, sin embargo, para alcanzar nuestro refugio es necesario ir aún más allá, disolvernos y parar de identificarnos, olvidarnos de nuestro “Yo” Cuando ya no existe observado y observador, entonces el refugio original se manifiesta.

El anciano Maestro Shakyamuni dijo: Cuando Kannon (Avalokiteshvara) – el bodhisattva de la gran compasión detuvo la corriente de la mente discriminatoria, el sonido escuchado y quien escuchaba, ambos cayeron en el olvido” Esto es lo que significa armonizar el cuerpo y la mente. La dualidad del movimiento y quietud no surgieron en absoluto. Esto es lo que significa “armonizar”.

Calmad la soberbia de vuestro condicionamiento. Sentaros vacíos de toda angustia mundana, silenciosos y lucientes, claros y resplandecientes, íntegros y listos a aceptarlo todo, universales y abiertos.

Este párrafo particularmente me llega al alma, su fragancia esta impregnada de una gran paz interior, es como cuando finalmente después de mucha angustia y stress cuando por ejemplo nuestro cuerpo esta completamente tenso y cerrado porque estamos en medio de una situación en que la vida y la muerte definirán nuestro futuro, de repente nos informan que ha ganado la vida y con un gran suspiro, nos relajamos. La sonrisa vuelve a nuestros labios, podemos volver a ver nuestro alrededor, podemos volver a escuchar los sonidos de los pájaros y los pitos de los carros, todo es maravilloso, aún cuando la lluvia nos este mojando completamente.

El Maestro Dogen de nuevo en el Gakudo Yojinshu dice: Cuando te has distanciado del apego a los objetos de los sentidos, de modo natural estarás de acuerdo con el principio de la mente de la iluminación. Debes entender que practicamos en medio de las ilusiones y llegamos a la realización antes de la iluminación.

Sin preocuparos del polvo exterior estad en acuerdo con vuestra propia mente, llegad a este campo y reconoced inmediatamente a los Patriarcas que os han precedido.

Practicar aquello relacionado con la Vía es continuar aclarando hasta alcanzar la totalidad de la Vía del despertar y comprender el escenario de esta Vía. La Vía de Buddha esta justo bajo nuestros pies. Cuando nuestro Yo es obstaculizado por la Vía, cuando la barca a la deriva es guiada y deja de divagar, encuentra una dirección, es guiada por la Vía, haciendo uno con la Vía, dejando que nuestro yo se desvanezca es posible alcanzar la Vía justo aquí. Cuando nuestro Yo es obstaculizado por el despertar, es decir estando unido a él, estando más consciente de que creamos nuestro mundo, creamos nuestra vida, este mundo puede llegar a ser “Uno” acercándose cada vez más hacia lo vivo, la sabiduría y enseñanzas de la Madre Tierra. Unirnos con la naturaleza, ser parte profunda de ella, ser vida, proteger la vida y generar la vida y esto, abriendo los ojos y el corazón, para armonizarnos con la naturaleza de Buddha, la vida misma, en todo lo que hacemos, en nuestros pensamientos, en nuestras palabras y por lo tanto en nuestras acciones, pues todas ellas contribuyen a crear la realidad de nuestro mundo, que es uno con la Vida, con la Buddha como dijo alguna vez el Maestro Deshimaru.  Ser completamente nosotros mismos.

El Maestro Dogen dice: “Debes comprender la vía de Buddha directamente a través de nada más que tu cuerpo y tu mente. Eso es aceptar (La Vía). No trates de cambiar tu cuerpo y mente. Simplemente sigue la comprensión del otro (el verdadero maestro) eso significa “estar aquí” o “apaciguarse” debido a que tu solamente procedes siguiendo a otro (tu maestro), estas liberado de tus viejas opiniones. Debido a que te estableces justo aquí, no buscas otro nido.

 

Zazen 3

Quisiera dejarlos con un hermoso cuento que pienso puede resumir la intensión de lo que he querido compartir junto a ustedes.

El arte de la pintura

Un gran erudito chino, un pintor de renombre que tenía entrada ante la corte del emperador, se propuso pintar su obra maestra. Durante meses había recorrido los caminos de la montaña en busca del paisaje ideal. Cuando por fin encontró un lugar sublime e impresionante, se instaló en un pueblo cercano. Todos los días subía a su observatorio, se abstraía en una profunda contemplación de la vista y regresaba a su casa de campo para plasmar su visión sobre la seda. Se aplicó a pintar picos, pinos, rocas, torrentes, nubes, tratando de captar el espíritu del lugar y, según todos los principios del esteticismo en boga en la época, ordenarlos en un simbolismo inteligente y sutil. Pero cada vez que lo intentaba, no lograba evocar la armonía que surgía de lo que tenía ante sus ojos. Día tras día, se esforzaba con su pincel sin poder acercarse a la perfección que le haría grande bajo el cielo.

Desesperado, decidió consultar a un maestro Chan de sus amigos que se había retirado a la ladera de esta montaña. El monje era un apreciado calígrafo y pintor. El monje, tras examinar sus bocetos, dijo:

– Lo que falta en tu cuadro es lo que sobra.

Aún más angustiado, el artista volvió a sentarse frente a su paisaje. Lo contempló mientras meditaba la frase del monje, que sonaba como un koan. Lo rumió sin descanso para extraer su savia. ¿Una falta de vacío, quizás, entre los elementos para crear el misterio del espacio infinito donde el espectador se dejaría llevar por el sueño? O tal vez sus lavados no son lo suficientemente sutiles, no se degradan lo suficiente, para evocar la vida. Las respiraciones, los ritmos, la danza infinita de la energía cósmica…

Estaba tan absorto en su meditación, tan inmóvil, que un pájaro lo confundió con una roca y se posó en su cabeza sin que se diera cuenta.

El canto del ruiseñor

Le hizo recordar

El silencio de la montaña.

Sólo cuando el pájaro cantó lo entendió por fin. Lo que le sobraba era él mismo. La persiana de sus pensamientos se rompió. De repente se vació de su exceso de conocimiento, de referencias, y el paisaje entró en él. Se lo llevó a su ermita, y allí la montaña, el río, las nubes, las rocas, los árboles hicieron bailar su pincel sobre la seda blanca, para pintarse a sí mismos. Y le dieron un lugar, modesto pero central. El pintor se representa a sí mismo, en el centro del cuadro, pequeño en la inmensidad del cosmos. Él, el espejo en el que se reflejaba la interminable mutación de las energías primordiales del yin y el yang en el Vacío. Él, el hombre, medida de todas las cosas, vínculo entre el Cielo y la Tierra. El que había sabido captar su aliento y se había convertido en su instrumento, la flauta de bambú en la que cantaba la melodía secreta del mundo.

En las enseñanzas del maestro Dogen encontramos: El Dharma no puede ser adquirido andando a tientas o buscándolo. Cuando se ve, su percepción desaparece. Cuando es obtenido, la mente discriminatoria se trasciende.

El Maestro Kodo Sawaki dice: No logramos el satori a través de la práctica: la práctica es satori. Todos y cada uno de los pasos son el objetivo.

Hemos tenido la suerte de que la Vía allá llegado a nuestra vida. Debemos ir más allá, olvidarnos de nuestra identificación, calmando la soberbia de nuestros condicionamientos, entendiendo que cada paso dentro de la practica es la Vía, liberándonos de nuestras expectativas personales que finalmente no hacen otra cosa que volvernos a envolver dentro de nuestros condicionamientos. Nuestro voto y nuestra tarea es actuar como bodhisattvas en el mundo, ayudándolos a liberarse de su propia prisión. De hecho, al liberarlos igualmente nos liberamos.  ¿Como no hacerlo cuando nuestro mundo esta lleno de seres envueltos en el sufrimiento?

 

[1]Los cinco grados del despertar del maestro Tozan son :

  1. Los fenómenos en la realidad: forman parte del absoluto
  2. Lo real en los fenómenos: la verdad absoluta está en cada uno de ellos
  3. Despertar de lo real: emergencia del silencio y despertar de la experiencia de lo absoluto
  4. Actuar y manifestarse dentro de los fenómenos y lo real: utilizar tanto los fenómenos como el sentido de lo absoluto
  5. Actuar libremente tanto con los fenómenos como con la realidad: sin apegarse a ellos y sin verlos como algo separado.

 

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