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Guiados por las seis perfecciones (Shogetsu Avila)

Zazen 1

Ahora estamos sentados aquí juntos, en silencio frente a nosotros mismos, nuestro cuerpo se encuentra erguido sin rigidez, presente, tranquilo, acompañado por nuestra respiración que con su ir y venir nos trae al momento presente, a la consciencia de estar vivos.

Podemos percibir con claridad, la resonancia de la vida que nos rodea y habita, sintiendo la caricia sutil del aire y su etéreo perfume que con cada inspiración nutre nuestro interior y libera nuestro cuerpo de la aprensión, el temor y aferramiento, con cada expiración. Poco a poco sin pensarlo, nuestra mente se apacigua, el ruido incesante de nuestros pensamientos disminuye y se convierte en un simple susurro que abre las puertas de la realidad presente. Los pensamientos aparecen y se desvanecen al igual que cada respiración, el espacio vacío que surge en nosotros, da lugar al canto de los pájaros que saludan en nuevo amanecer, el despertar del día con la energía que de el emana, las voces de los hombres, las gallinas y los perros, el motor y el rodar de los carros, el volar de los aviones e incluso quizás el ritmo del latido de mi propio corazón. Todo esta ahí, el mundo y yo siendo parte de esta vida. No hay pasado, no hay futuro, solo este instante a cada instante. Sin rechazar ni escoger, sin aferrar o desear, sin resistir sino entregándonos sin reserva. A esto lo llamamos despertar, y es ahí que Buda se manifiesta.

Sin embargo, la finalidad de nuestra practica no es sólo hacernos sentir tranquilos, calmados y contentos. Es remover las capas de nuestro individualismo, del egoísmo, de la separación con el mundo, los seres y la naturaleza. Si removemos todas las capas: raza, género, nacionalidad, educación, nivel social, profesión; ¿dónde queda el “yo”? ¿Puedo decir que sin mi titulo profesional, mi estatuto social u otro dejo de ser?  Finalmente, descubrimos algo que está más allá del “yo”. Esa conciencia íntima, profunda, primordial, que es la base misma de nuestro ser, no tiene nada que ver con “yo” o “tú” sino mas bien con la totalidad.

Si estamos hoy aquí ciertamente un llamado interior nos ha traído, démonos entonces la oportunidad de olvidarnos de nosotros mismos, con nuestras preocupaciones personales, que indudablemente tienen su importancia o quizás no tanto. Sea como sea, no será pensando en ellas que se van a resolver en este preciso instante. Ahora es el tiempo de zazen, Shikantaza solamente sentarse abandonando cuerpo y mente. Es lo que han venido a hacer. Es de esto de lo que se deben ocupar ahora. Cuando sea el momento, se ocuparán de lo que hay que ocuparse. Trabajo, hijos, cuentas etc. etc. Por ahora, volvamos al momento presente, el no se repite, no vuelve atrás, este ahora es lo único real, vivámoslo plenamente en su fugacidad, de otro modo la vida se nos pasa sin que nos demos cuenta.

El maestro Etienne Mokusho Zeisler solía decir “¡atrápenla vivos!” La vida debemos atraparla vivos, es decir conscientes, presentes. Hace algunos días escuché esta reflexión “Medito para que mi vida sea meditación. Vivo para que mi meditación sea vida”.

Zazen 2

El camino del despertar es una practica, una puesta en obra. En primer lugar, el cultivo de la práctica de zazen en la cual realizamos la experiencia de Buda, es decir nuestra propia naturaleza límpida, transparente y serena. Es a través de ella que entramos en relación con la intimidad de nosotros mismos, nuestra oscuridad y nuestra luz. El maestro Dogen quien fue el fundador de nuestra escuela en Japón decía “Conocerse a si mismo es olvidarse de si mismo, olvidarse de si mismo, es abrirse a la totalidad de todas las cosas”

Sin embargo, no permanecemos sentados en zazen todo el tiempo de nuestra vida. El diario vivir para un ser la Vía es también la practica. El ejercicio atento, vigilante, constante y perseverante de la puesta en obra de las enseñanzas de Shakyamuni Buda, quien nos ha ofrecido las herramientas para liberarnos del sufrimiento transformando nuestra visión de la vida y nuestra manera de vivirla.

“Un monje preguntó a Houng de Taï-loung: “¿Quién es el Buda?

Houng respondió: “Tú eres él”.

Todos los seres vivos llevamos la naturaleza de Buda en nuestro interior como una semilla que puede florecer y manifestarse a través del despertar. Por lo tanto, toda nuestra vida debe enfocarse en la realización de este despertar. Así, la experiencia del Buda histórico se convierte en la guía de nuestra vida religiosa para todos los que hemos abrazamos su enseñanza. Pero ¿Como caminar hacia esta realización espiritual?

Un ser de la vía pone en practica las seis perfecciones o paramitas. Paramita, significa literalmente “ir más allá” o “alcanzar la otra orilla”. También se traduce como “virtud trascendente” o “virtud suprema”. Por lo tanto, Paramita se refiere a la práctica de una virtud que, llevada a su perfección, su finura, nos permite alcanzar el despertar, es decir, la liberación.

Estas virtudes son:

Dāna Paramita: la generosidad; el dar, reconciliar, amar incondicionalmente, tener las manos, la mente y el corazón abiertos.

Śīla Paramita: La ética, la honestidad, la integridad de pensamiento, palabra y acción. Igualmente, la ayuda mutua.

kṣānti Paramita: La paciencia, la tolerancia, la indulgencia.

Vīrya Paramita: La energía, el esfuerzo, el valor, el entusiasmo, la perseverancia.

Dhyāna Paramita: La concentración, la meditación, la atención.

Prajñā Paramita: La sabiduría, la sensatez, el discernimiento a través de la visión e intención correctas, así como el conocimiento del dharma.

Durante la sesshin de diciembre abordamos las tres primeras perfecciones, que se relacionan con las virtudes que debemos cultivar frente a los otros, es decir, nuestros hermanos humanos, los animales, la naturaleza. En primer lugar, debemos ejercernos a cultivar la generosidad, Dâna Paramita. Tanto a nivel material, que muy a menudo nos pone frente a nuestra avaricia y nuestra dificultad a entregar sin reserva aquello que consideramos nuestro, como dinero, propiedad, espacio, titulo o ganancia. También hablamos de la generosidad del ser, ofrecer nuestro tiempo, nuestra escucha, nuestra energía, abrir nuestras manos y nuestro corazón. Buda nos enseña “El bodhisattva no necesita buscar las riquezas para darlas, él sabe que todas estas riquezas no le pertenecen aun cuando las posea. En su mente él ya ha entregado las riquezas que han pasado a través de él, por lo tanto, puede libremente practicar el dar”

La segunda perfección es la ética, Sîla Paramita. No causar daño, ni a nosotros mismos, ni a los demás. Que todo ser pueda sentir que en nuestra presencia no tiene nada que temer. Ni violencia, ni engaño, ni falsedad. “El bodhisattva en su marcha heroica no se compromete a la moralidad, pero tampoco se aleja de ella. Es para disciplinar los seres que parece comprometerse. Interiormente siempre permanece puro”.

La paciencia y la tolerancia constituyen la tercera virtud, Ksânti paramita. Estas dos cualidades hacen que el dharma penetre en nuestra vida. Podriamos decir que son aquellos que nos crean problemas, que nos ofuscan quienes nos ayudan a progresar sobre el cultivo de la paciencia y la tolerancia, porque ellos nos obligan a contenernos con el fin de aprender la verdadera paciencia. Shantideva nos dice: “Es mucho más sabio considerar aquel que nos ofusca, que nos exaspera como un amigo espiritual, pues él puede enseñarnos a adquirir la virtud de la paciencia”. Por otra parte, el ejercicio de la paciencia nos ayuda también a abandonar nuestras expectativas, el deseo de resultado inmediato, que muy a menudo aparece en nuestra practica, olvidar el tiempo de zazen cuando nos duelen las piernas o alcanzar el despertar en ocho semanas.

Zazen 3

Shantideva quien he citado anteriormente, era llamado Hijo de los vencedores, vivió durante el apogeo del budismo Mahayana en India (hacia 685-763) su obra mayor “Vivir como héroe para el despertar” constituye una referencia sobre la entrega, la compasión, el no ego y la naturaleza suprema de todas las cosas. El dice:

En resumen, la mente del despertar

Se debe conocer por tener dos aspectos:

La mente de la aspiración a la plenitud

Y la mente del compromiso con la plenitud.

Su diferencia es la misma que entre

El deseo de partir y la puesta en marcha.

Todos nosotros poseemos un gran potencial para alcanzar la realización, puesto que ella es nuestra verdadera naturaleza. Sin embargo, muy pocas cosas podremos cambiar, nada lograremos transformar verdaderamente, a menos que, decidamos profundamente de colocar el Dharma, es decir la enseñanza de Buda, en el centro de nuestra vida, en el centro de nuestro corazón.

De esto nos habla la cuarta perfección, Vîrya paramita, el esfuerzo, el entusiasmo. Todos somos conscientes de que, si deseamos alcanzar un objetivo, no importa de que tipo, primero debemos aprender y entrenarnos. Ya sea que deseemos convertimos en un gran artista, un deportista o incluso agricultor, es necesario practicar continuamente. Debemos repetir y repetir una y otra vez hasta que se convierta en algo totalmente espontáneo, natural. Si esta claro que en todo dominio este compromiso estamos dispuestos a aceptarlo, ¿como podemos imaginar, que, en el campo de nuestra espiritualidad, en la cual debemos trabajar para remodelar de manera fundamental nuestra mente, esta perfeccionamiento sucedería sin ningún esfuerzo?

No es suficiente venir y sentarnos aquí, esta es una mala interpretación de lo que significa, solo sentarse. Esto es no tener consciencia de la grande dificultad que representa el hecho de simplemente “Ser”. Es necesario ponerse en marcha, y seguir avanzando constantemente, cambiar la vida mundana por una vida de despertar. Si consideramos nuestra vida diaria como nuestra practica, todo lo que de ella participe, será una grande oportunidad para manifestar y poner en obra el Dharma.

Cuando nos entregamos con amor a una actividad que nos importa, nunca nos parece penosa ni aburrida. Al contrario, si amamos lo que hacemos deseamos hacerlo lo mejor posible. El Dharma, la liberación y el despertar sólo pueden ser una fuente de alegría, algo que realizamos con intenso entusiasmo. Así ocurre con cualquier actividad que engendre bienestar y felicidad: si la realizamos con un verdadero deseo de hacerla bien, el tiempo y la energía que dedicamos a ella son una fuente de dicha. Así que a un cierto momento, con el paso del tiempo, nos damos cuenta de que todo en nuestra vida, nuestra vida familiar, nuestras relaciones con nuestros amigos y colegas, con la sociedad; todo esto es realmente nuestra práctica, comprendemos que en el diario vivir se realiza la felicidad, que todo esto es realmente nuestra práctica del Dharma, y que todo lo que ocurre en nuestra vida diaria es una maravillosa oportunidad para aprender y crecer, nos damos cuenta de que el aburrimiento y el desánimo de los “viejos tiempos” han sido sustituidos por una sensación de profunda felicidad.

Kumajariva, quien fue un monje budista de Asia Central que vivió entre el 344 y el 413. Es conocido por ser uno de los más grandes traductores de las escrituras budistas que permitieron el desarrollo del budismo en China, él dijo:

“Cuando uno engendra la mente del despertar por primera vez, tiene que comprometerse a cultivar el bien, lo que no siempre es atractivo. Cuando la acumulación de méritos alcanza un cierto grado de pureza, el placer de la práctica comienza a sentirse profundamente. La decisión que uno ha tomado no cambia en caso de dificultad y la experiencia del sufrimiento sólo la intensifica. Nunca cambiará el placer de lo que más aman el cielo y la tierra, el dharma de la mente despierta.”

Zazen 4

Las cuatro primeras Paramitas abordan el ámbito de la gran compasión y el de la aspiración a la realización del despertar, a su obra se incorpora ahora la meditación o dhyâna, que es el medio apropiado para alcanzar la perfección de la sabiduría. Prajnâ-pâramitâ, la Sabiduría trascendente.

Buda dice:

“Hermanos míos, cuando un discípulo vive una vida virtuosa, cuando ha adquirido el dominio de sus sentidos y la plena conciencia de sí mismo, busca morar en un lugar solitario. Se sienta con las piernas cruzadas, el pecho erguido, la mente alerta y fija en un único objetivo.

Descarta todas las impresiones que seducen a los sentidos, y dedicándose al razonamiento y a la reflexión, entra en el primer estado de calma, y experimenta el regocijo y la felicidad que nacen de la concentración.

Después de suprimir el razonamiento y la reflexión, el discípulo logra su unidad de mente que nace de la concentración, y alcanza la segunda beatitud.

Y tras suprimir el arrebato, el discípulo muere en la serenidad y entra así en la tercera beatitud.

Finalmente, hermanos míos, cuando el discípulo ha desechado las penas y los placeres, entra en el estado de lucidez imparcial de la cuarta beatitud. Esto se llama verdadera concentración.

Desarrollad vuestra facultad de concentración, hermanos míos, porque el monje que logra la concentración comprende la realidad de las cosas.”

A través de sus palabras Buda nos guía dentro del proceso de la practica de zazen, nuestra entrega y abandono serenamente y en total confianza va permitiendo que poco a poco se deposite en el fondo el agua turbia de nuestra mente y que la transparencia de su pureza se manifieste conduciéndonos poco a poco a un estado de perfecta tranquilidad llamado samâdhi. Este estado no es un fin en sí mismo, sino que es la condición necesaria para que nuestra mente se abra a la verdadera comprensión de la realidad, aquella que se realiza en Prajnâ, La sabiduría.

De nosotros depende que nuestra mente alcance este estado de calma y estabilidad para entrar dentro de esta realidad. Si nuestra mente permanece turbia y ensombrecida por la tormenta de pensamientos, sentimientos y emociones que a menudo la invaden, es obvio que será difícil, si no imposible, atravesar este tumultuoso desorden hasta llegar al corazón de esta parte esencial de nosotros mismos.

Vivimos en un mundo de pensamientos y nuestro proceso de pensamiento funciona continuamente. Dondequiera que vayamos, nuestra mente está con nosotros y permanece con nosotros. Somos inseparables. No podríamos saber nada, a ningún nivel, sobre cualquier cosa dentro o fuera de nosotros mismos, si no tuviéramos el conocimiento del mundo, si no tuviéramos conciencia de los sentidos, es a través de ellos que experimentamos la vida.

No obstante, cuando nuestra mente se calma, cuando después de la agitación y el desorden interior los pensamientos vuelven a su cauce normal, entonces somos capaces de ver con mucha más claridad lo que ocurre a nuestro alrededor sin que nuestra interpretación de los hechos esté distorsionada por emociones negativas o prejuicios inútiles. Cuando esto sucede, cuando no hay juicio, ni expectativa, cuando logramos sencillamente “ser” testimonio de la vida realizamos dhyâna.

Zazen 5

La sexta perfección es la sabiduría, la iluminación o el conocimiento absoluto, la Prajnâ paramita. Es decir, la visión de la realidad tal como es realmente, y no como aparece por la acción de los sentidos.

A propósito de la Sabiduría Shantideva dice:

El sabio dijo que todas estas enseñanzas

Tienen el propósito de la sabiduría.

Así que quien desee apaciguar el sufrimiento

Tendrá que generar la sabiduría.

En el camino del despertar perseveramos en tener presentes y practicar todas las paramitas: la concentración, el entusiasmo, la paciencia, la ética y el don, con el propósito de permitir que surja la sabiduría. Estas son las condiciones para que ella pueda manifestarse. No se trata, por lo tanto, de una respuesta intelectual o de un concepto filosófico, aún menos de una voluntad personal, sino mas bien de una intuición profunda, una experiencia, una visión de orden espiritual libre del yo en el cual Buda pasa delante.

La marcha heroica del ser de despertar continua, Shantideva nos transmite.

(Lo relativo), lo que vela, y lo supremo

Se aceptan como las dos verdades.

Lo supremo no está en el ámbito del intelecto,

(Por esto) se dice que la inteligencia es “lo que oculta”

En el mundo relativo siempre vemos y consideramos las cosas desde la dualidad, nuestra mente pensante es por naturaleza, dualista. Esto quiere decir que la mente conceptual piensa en “yo” y automáticamente en “otros” (que no son yo). Considera lo bueno y lo malo, lo alto y lo bajo, lo grande y lo pequeño. Vivimos atrapados en nuestro mundo dualista, la no separación, el tercero incluido que permite la unidad difícilmente lo tomamos en consideración. O es una cosa o es otra, sin embargo, si observamos con atención, todo en este mundo se manifiesta en sus dos aspectos dando lugar a la unidad. Por ejemplo: No hay día sin noche, no hay energía sin positivo y negativo, no hay humanidad sin hombre y mujer, de hecho, el equilibrio, la armonía, la unidad surgen por el dos. Si tuviéramos un poco más presente esta realidad, quizás nuestro mundo no estaría tan lleno de guerras y de destrucción.

Se dice en el Shin Jin Mei del maestro Sosan, uno de los poemas más antiguos del budismo zen:

Penetrar la Vía no es difícil

Sin embargo, no es necesario ni amor ni odio, ni elección ni rechazo.

Si se crea una singularidad en la mente

Tan pequeña como una partícula,

Inmediatamente una distancia ilimitada

Separan el cielo y la tierra.

Si no podemos penetrar en el origen de las cosas,

Nuestra mente se agotará, en vano.

En realidad, porque queremos atrapar o rechazar,

No somos libres.

Vivimos en nuestra mente, así que nuestra única manera de ser libres es comprender plenamente la mente. Esto no lo logramos a través del intelecto sino a través de la experiencia directa. Sentarnos en zazen no es algo pasivo, ni únicamente relacionado con el sentirnos tranquilos y en paz. Nuestro cuerpo permanece inmóvil, pero nuestra mente se despierta y observa con atención, utilizando toda su energía para mirar realmente dentro de sí mismos. En zazen tratamos de volver a nuestra naturaleza original, nuestra naturaleza de Buda, pura, límpida, transparente, libre de nuestros condicionamientos y juicios personales. En la quietud de zazen, dentro de este espacio en el cual nos percatamos del flujo incesante de nuestros pensamientos, comprendemos que ellos surgen y se desvanecen como fantasmas. Todo reside en el ámbito de la ilusión nada tiene consistencia ni existencia real. Nuestras construcciones mentales, nuestros juicios, nuestras percepciones nos impiden ver y acceder a la realidad tal cual es. ¿Y qué es esta Realidad? Es shûnyatâ, el Vacío.

Nos es extremadamente difícil vivir el presente, basculamos permanentemente entre pasado y futuro perdiendo el momento real que es nuestro presente. Nos dejarnos llevar por los sentidos y sacar conclusiones lógicas a partir de nuestras emociones esto nos hace víctimas de mâyâ, es decir, de la ilusión.

Esto no significa que los seres y los fenómenos sean inexistentes, sino que creer en ellos tal y como aparecen a los sentidos, con las limitaciones y barreras de la individualidad, es una ilusión y origen de la ignorancia, que generan el apego, la codicia fuente del deseo, de la insatisfacción permanente, origen de Dukkha, del sufrimiento.

Un sacerdote ortodoxo ruso dijo que lo primero que le enseñaron como novicio fue que cualquier cosa que pudiera pensar sobre Dios… ¡Eso…no es! Es decir que la realidad última es realmente última y está más allá de nuestra mente conceptual.

Keisen dice: “La enseñanza de Buda es para aquellos que la escuchan y la ponen en práctica. Estos son llamados los nobles, los que han entrado en la corriente. Esta enseñanza tiene dos objetivos: el conocimiento y la transformación. Su objetivo es transformar la mente, la visión de las cosas y de la vida. Es necesario obtener una enseñanza práctica de ella, enseñándote a ti mismo.” Continuemos marchando, con determinación, alegría y profunda fe, un viaje de mil millas comienza siempre por avanzar de un paso.

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