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Conferencia Keisen en Bogota

INTRODUCCIÓN

Durante los treinta y cinco años que practiqué la meditación zen, Zazen, como monje budista Zen mientras trabajaba como físico en el CERN, el Laboratorio Europeo de Física de Partículas de Ginebra, la gente me hacía constantemente las mismas preguntas, y todavía lo hacen: ¿cómo puede conciliar su profesión de físico con una práctica religiosa budista? Y también: ¿podría explicarme la relación entre la física cuántica y el zen?

El zen nació del deseo de practicar una vía religiosa con mi cuerpo y mi mente. Atraído por lo desconocido como camino de la verdad.

Durante estos años también tuve la oportunidad en el CERN de participar en descubrimientos fundamentales. Así que mi vida ha girado en torno a estos dos polos principales, la investigación de la física de partículas y la práctica de zazen mente-cuerpo.

Es importante ver, antes de poner en perspectiva las visiones del zen y de la física, que tal paralelismo nace primero dentro de uno mismo. Por ejemplo, con respecto al vacío. En zazen lo abordamos dejando que nuestros pensamientos se desvanezcan, no acogiéndolos con nuestra conciencia. Nuestra mente se libera entonces de todos los apegos mentales. Si todo es vacío, todo ser es sólo una forma, constantemente cambiante, sin existencia propia. Es difícil considerar que no poseemos nada, ninguna existencia propia, aunque nos veamos existir todos los días. Aquí es donde las recientes observaciones de la física pueden ayudar a esa comprensión.

Desde tiempos inmemoriales, el hombre se ha interesado por el conocimiento de los fenómenos y de su vida, por la búsqueda de la verdad. Ese espíritu se encuentra naturalmente en la investigación científica y en el deseo de dar sentido a la propia vida. Este significado puede descubrirse a través de la meditación zen del cuerpo y la mente unificados.

El mundo occidental sólo considera realmente establecidas las dimensiones observables. Ha convertido los métodos de verificación experimental, basados en instrumentos de medición, en la verdad objetiva. Es sorprendente que los hombres consideren como verdades establecidas sólo aquellas basadas en observaciones científicas. La autoobservación se clasifica como una ciencia no exacta porque no se puede medir.

En el siglo XX se produjo una auténtica revolución. Según el descubrimiento de Planck, que es la base de la física cuántica, la energía tiene una estructura discreta y discontinua. Estamos acostumbrados a un mundo continuo, de interacciones transmitidas de un lugar a otro. ¿Cómo entender entonces un mundo hecho de entidades discontinuas? En física, se ha producido una situación de fluctuación: hemos mantenido el espacio-tiempo continuo de la física clásica y la relatividad general, y las leyes de la física cuántica.

Las nociones clásicas de partículas de materia y de ondas no son entidades cuánticas, son muy diferentes de los objetos de la física clásica. Los objetos cuánticos se rompen con las leyes del mundo macroscópico. Por ejemplo, si nos quedamos en el único nivel de realidad del mundo macroscópico, el mundo de la dualidad, las ondas y las partículas son dos cosas diferentes. En la física cuántica, la onda y la partícula están unificadas. La introducción de un nuevo nivel de realidad permite superar esta contradicción.

La aparición de un nivel de realidad en el que se superen las contradicciones es crucial. Este nivel de realidad siempre ha formado parte de la esencia del conocimiento en el budismo. En zazen, la aparente dualidad entre el cuerpo y la mente es superada por una conciencia integrada mente-cuerpo. Un enfoque en el que nosotros y el mundo que nos rodea estamos unidos.

En física sabemos ahora que el vacío no está realmente vacío, sino que está “habitado” por múltiples partículas virtuales, que aparecen y desaparecen. Este vacío, esta vacuidad, representa un gran enigma, vinculado a lo que llamamos energía oscura, potencialmente responsable de la aceleración de la expansión del universo.

Por un lado, los conceptos de vacío en el Zen facilitan la aproximación intuitiva a la teoría del Big Bang, así como al mecanismo que da lugar a la masa. Por otro lado, las observaciones de la física de partículas nos permiten poner imágenes mentales a conceptos como el vacío que, de otro modo, seguirían siendo difíciles de abordar. Entonces, ¿cuál podría ser la relación entre la física contemporánea y el zen?

Hasta principios de nuestro siglo, el enfoque científico en Occidente se basaba siempre en la observación de los fenómenos que nos rodean, seguida de un enfoque explicativo lógico en forma de teorías o modelos. El hombre observaba su mundo como un objeto de estudio separado de su propio ser. La realidad de nuestro mundo se percibía como una entidad regida por leyes inmutables, aunque todavía desconocidas, cuyo descubrimiento se consideraba inevitable y dependía únicamente del progreso futuro de los medios de observación.

Este enfoque tiene el inconveniente de mantener una separación entre el ser humano y el universo que le rodea. Esta es la principal causa del actual desequilibrio mundial en los campos de la ecología y las relaciones humanas. Esta forma de conocimiento ha desvirtuado en las sociedades occidentales el conocimiento contemplativo, en particular el del Zen. Es un enfoque integrado, tanto de uno mismo como del mundo, inmediato y espontáneo. En este sentido, la observación de uno mismo, de la vida que nos habita, es la observación de una parte de un todo, que conduce a la apertura de un conocimiento más amplio.

Los dos enfoques pueden considerarse imposibles de unir. Sin embargo, la física moderna ha experimentado y sigue experimentando una profunda revolución, haciendo pedazos las certezas que teníamos sobre las posibilidades de nuestro conocimiento. Esto ocurrió con la llegada de la física cuántica, la relatividad del tiempo, las nociones de espacio y las dimensiones de nuestro universo, en particular. Los maestros zen históricos poseían una profunda intuición sobre la virtualidad del tiempo, la no separación entre nosotros y nuestro universo. Este se ve ahora iluminada por los nuevos enfoques de la física.

El propósito de esta presentación es simplemente sugerir que los dos enfoques pueden ser complementarios, el conocimiento inmediato e integrado y el conocimiento basado en la observación externa y la lógica.

En el zen, la intuición del vacío, de la impermanencia de todas las cosas y de su interdependencia, alimentada por la observación de nuestros pensamientos fugaces, nos lleva a concebir más fácilmente la inexistencia de cualquier esencia singular de los seres y las cosas. En lugar de una realidad material permanente y existencial, el Zen hace hincapié en el hecho de que la realidad solo está constituida por formas, materiales o vivas. Todo es vacío. Entonces es más fácil concebir un universo poblado de campos de energía, partículas virtuales, que nacen y desaparecen. Según Einstein y la física cuántica, la materia es sólo una forma particular de energía.

La observación del bosón de Higgs permitió establecer que el origen de la masa y la diversificación de la masa proviene del acoplamiento de los quarks con la energía contenida en el campo de Higgs. El campo de Higgs no es observable en sí mismo, pero las formas que adopta -partículas, materia- son reales. Los fenómenos (partículas) nacen del vacío (campo de Higgs) y vuelven al vacío. Su esencia primaria es la vacuidad. “La materia no existe.” Dice Albert Einstein.

 

DHARMA, LA FUENTE Y LA REALIDAD DE TODAS LAS COSAS

“La verdadera forma de Buda es la vacuidad universal”

El dharma, o la unidad, la vacuidad, está abierto al estudio tanto por medios científicos como por la práctica personal, es decir, puede experimentarse en nuestra propia vida. Seguirá siendo imposible de expresar con palabras o imágenes, pero puede conocerse dentro de uno mismo y sentirse como una presencia dinámica. Experimentarlo por uno mismo es una condición para conocer todas las cosas.

Estas dos vías, la interior, meditativa e intuitiva, y la exterior, de observación de nuestro universo y de aproximación modelada o teórica a su funcionamiento, son complementarias. La búsqueda meditativa necesita de la ciencia para verificar sus descubrimientos, y la ciencia no puede prescindir de la intuición para emprender el camino del descubrimiento. Por otra parte, ese conocimiento integrado permite a cada persona ver su existencia bajo una luz nueva, profundamente espiritual y humana. La salvación de nuestra humanidad reside en lograr un cambio de mentalidad.

 

EL BUDISMO, UNA CIENCIA DE LA MENTE

Empecemos con una cita de Einstein: “Si hay una religión que pueda estar en sintonía con los imperativos de la ciencia moderna, es el budismo.

La ciencia se basa en el hecho de que la realidad de nuestro universo aún no se conoce, pero puede descubrirse. El budismo se basa en el principio de que Buda redescubrió intuitivamente tanto la naturaleza de la realidad como la de la mente. El budismo se ocupa de la realidad tal como se nos presenta, no de la realidad misma, que está más allá de lo que podemos percibir. Así que nuestra mente es la base de todo lo que llamamos realidad. Nuestra visión del universo pasa por nuestra mente, que condiciona nuestro conocimiento, de ahí el interés de su estudio basado en la meditación del cuerpo y la mente.

¿En qué consiste? En el Zen, reside en sentarse inmóvil y en silencio con el fin de regular el cuerpo y la respiración. No entretener los pensamientos nos permite encontrar una mente libre, encontrarnos en un estado normal.

 

VISIÓN ZEN Y FÍSICA CUÁNTICA

La física cuántica ha dejado claro que la dualidad entre las ondas y las partículas, digamos la materia, debe ser superada. Hablar de materia es ciertamente una noción comprensible en nuestra vida cotidiana, pero en el mundo cuántico la materia y la energía forman parte del mismo fenómeno, al igual que las ondas luminosas y los granos de luz.

Tomemos un primer ejemplo. La luz no existe en reposo, sino que es la propagación de una onda. Por lo tanto, no es materia; es imposible hacer una mesa con luz. En cambio, el electrón, que es una partícula, no es una onda. Resulta que la luz se comporta a la vez como onda y como partícula, es decir, como un grano de luz, el fotón. Los electrones también se comportan como ondas y no como partículas. ¿Cuál es la realidad? ¿La luz es una onda o una partícula, y el electrón es una partícula o una onda? En la física cuántica, la forma de observar un fenómeno determina el estado en que se proyecta en nuestro mundo macroscópico.

¿Cuál es entonces la realidad fundamental de las cosas si nuestra propia observación define que la observamos o bien como materia o bien como onda, desprovista de consistencia material? Lo que llamamos realidad es sólo el conocimiento que tenemos de ella a través de nuestra observación y no representa la realidad en sí misma. La naturaleza real de las cosas se nos escapa; está formada por un mosaico de múltiples estados que cohabitan, onda, partícula, indiferenciados, y cuya “existencia”, imposible de conocer directamente, sólo se expresa mediante una modelización matemática de sus probabilidades.

Los maestros zen han afirmado que la naturaleza fundamental de todas las cosas, la materia, los fenómenos, es la vacuidad. Esta percepción se originó con ellos en la observación de los pensamientos que aparecen y desaparecen durante la meditación. En este sentido, sólo hay fenómenos en nuestro universo y ningún noúmeno. La materia en sí es un fenómeno y no tiene existencia propia, su esencia es el vacío. En la física de partículas, cuanto más buscamos comprender los fundamentos de la materia, más encontramos el vacío. El vacío está habitado por campos interactivos que se materializan cuando pasa un grano original, o un grano de luz, o una perturbación energética.

Otro punto de la física cuántica es muy interesante y las observaciones realizadas certifican el principio budista universal de interdependencia. Por ejemplo, en la física de partículas, un sistema vinculado, como dos granos de luz dentro de un átomo, sigue siéndolo independientemente de la distancia que los separa. Cualquier cambio en uno de ellos conduce inmediatamente, en completa sincronía, a un cambio en el otro. Este fenómeno se denomina entrelazamiento cuántico. Esta interdependencia, este principio a escala humana, también debería impedirnos considerarnos constantemente como seres separados e individuales.

 

LA VACUIDAD EN EL BUDISMO Y EN LA FÍSICA

¿Qué es el vacío, la esencia de todas las cosas? Buda dijo: “La verdadera forma de Buda es la vacuidad universal.

En la filosofía Zen, la esencia de todas las cosas es la vacuidad. Es comparable a lo que había o no había antes del Big Bang; todo estaba en estado potencial. De hecho, antes de nacer también estábamos allí en estado potencial. Podemos decir que cuando nacimos, desarrollamos una forma humana, como una concentración existencial de todo lo que estaba presente. Esta visión contrasta con el hecho de pensar que somos únicos dentro de nosotros mismos, aislados de los demás y del mundo.

Es imposible comprender plenamente la vacuidad, porque no es algo que podamos expresar con palabras. Todo lo que podemos hacer es captarlo intuitivamente. Cuando observamos nuestros pensamientos durante la meditación, los vemos aparecer, están presentes durante un momento y los vemos desaparecer. Es un ciclo que se repite, aparición, desaparición, experiencia directa de la existencia y experiencia directa de la no existencia.

¿Influye todo esto en nuestra forma de ver las cosas? Sí, así es. En el budismo, la enseñanza sobre la vacuidad siempre ha estado vinculada a prácticas destinadas a liberarnos de nuestros apegos, que son una fuente de sufrimiento. Una de las formas más comunes de apego es querer apropiarse de los objetos pensando que son reales. Sin embargo, no poseemos nada, en un mundo impermanente donde todo cambia de un momento a otro. Comprender que todo es sólo una forma es la gran sabiduría. Hay que encontrar el término medio, disfrutar de la vida sin apegarse a ella, navegar entre lo absoluto y lo relativo, entre los fenómenos de cada día y la vacuidad de todas las cosas. Este es uno de los secretos de la sabiduría Zen.

¿Qué podemos decir sobre el vacío en la física?

Durante miles de millones de años, nuestro mundo se ha enfriado hasta convertirse en un mundo de materia. El problema es que la cantidad de materia observable es sólo el 4% de nuestro universo, el resto es desconocido, ya que la mayor parte permanece inmaterial en forma de energía. Puede llamarse vacío. Del 96% restante, alrededor del 20% se denomina “materia oscura”, oscura significa no observada, ya que no interactúa con la materia normal. Sin embargo, esta materia oscura desempeña un papel esencial en el desarrollo de nuestro universo. Las galaxias visibles se han formado gracias a la agrupación en torno a los núcleos de materia oscura y no al revés. Sin ellas, las galaxias habrían desaparecido hace tiempo por falta de atracción gravitacional.

Lo que nos interesa es el 76% restante. Esto se llama “energía oscura”, un fenómeno totalmente desconocido. Parece ser responsable de la aceleración de la expansión de nuestro universo. Parece que cuanto más vacío hay en el universo, más se acelera su extensión.

 

LA APARICIÓN DE LA MASA

Nuestra comprensión actual de la física de partículas se basa en un modelo, llamado Modelo Estándar, que es capaz no sólo de reproducir y comprender los resultados experimentales, sino también de hacer predicciones. Sin embargo, no es más que un modelo, una retícula que permite relacionar las distintas entidades que darán lugar a la materia y las fuerzas responsables de sus interacciones mutuas. ¿Corresponde a la única verdad? Nadie lo sabe por el momento.

Los componentes del modelo estándar

Los constituyentes del Modelo Estándar carecen todos de masa intrínseca, por lo que el modelo debe ser capaz de explicar la aparición de la masa, por un lado, y las diferencias entre las masas observadas de las partículas, por otro. Cuando llamamos a estos elementos quarks, pensamos inmediatamente en objetos materiales. Pero no lo son. Por eso estas familias se llaman sabores. Este término se refiere a un olor, un sabor, desvinculado de su fuente material. No tenemos ni idea de lo que son realmente ni de dónde vienen.

El problema que se plantea es el siguiente: ¿cómo adquieren masa estos sabores? ¿Por qué las partículas elementales tienen masas diferentes? ¿Cómo podría un universo hecho sólo de energía y sabores convertirse en materia? Si aceptamos la presencia de estos sabores, y de una forma de energía que llena el vacío, entonces sabemos cómo se formaron las masas: por la acción del mecanismo y del bosón de Higgs.

Las fuerzas

Las fuerzas que rigen las interacciones entre los elementos de nuestro universo pueden visualizarse de dos maneras diferentes. En física, cualquier interacción puede visualizarse como la fuerza de un campo de ondas o como el intercambio de una partícula. Cuando la energía producida en una colisión entre núcleos de materia en un acelerador de partículas es capaz de concentrar localmente este campo de fuerza en una cantidad suficiente de energía correspondiente al “tamaño” de la partícula intercambiada, ésta puede entonces observarse realmente durante un breve periodo de tiempo.

Para que el Modelo Estándar fuera consistente, había que descubrir un elemento que faltaba: el bosón de Higgs. El bosón de Higgs nunca se había observado, aunque se había predicho teóricamente durante muchos años. ¿Qué son el campo de Higgs y el bosón de Higgs?

El bosón de Higgs

Visualice el espacio, o el vacío, como si estuviera completamente lleno de un campo de energía llamado campo de Higgs. Uno puede visualizar el campo de Higgs como ondas de energía que llenan el vacío de nuestro universo, esto sería una representación ondulatoria del campo. También se puede visualizar el campo de Higgs como el intercambio de miríadas de bosones de Higgs virtuales. Estos no han adquirido suficiente energía localizada para aparecer como una masa definida. Cuando una fuerte perturbación actúa sobre ellos como un imán, se pegan y se vuelven observables como un bosón con masa real: el bosón de Higgs.

En el momento del Big Bang, o durante una interacción entre dos protones en un acelerador de partículas como el LHC del CERN, se producen quarks. En el Modelo Estándar tienen masa cero y no tienen existencia material, sin embargo, tienen propiedades intrínsecas que les permiten acoplarse más o menos fuertemente al campo de Higgs y la energía así acumulada localmente dará una masa. Algunos sabores atraerán muchos bosones de Higgs virtuales y darán lugar a partículas de gran masa, otros atraerán muy pocos y darán lugar a partículas de baja masa. Este proceso es similar al de los imanes con diferentes potencias magnéticas, fuertes o débiles.

¿Cómo sabemos que el campo de Higgs existe? Se trata de observarlo por sí mismo. Es decir, poder producir localmente una acumulación de energía suficiente del campo de Higgs para que pueda ser observado. Esta bola de energía se llama bosón de Higgs. Es detectable como una partícula inestable que volverá a decaer. La masa del bosón de Higgs adquiere un valor especial e importante, tanto que ha sido necesario el acelerador de partículas más potente del mundo para producirla.

Con la observación del bosón de Higgs, el Modelo Estándar de la física de partículas está completo. Pero ¿entonces qué? Si nuestro modelo de comprensión de la naturaleza es totalmente coherente resulta cada vez más dudoso pensar que pueda existir otra cosa.

 

ELEMENTOS DE LA COSMOLOGÍA BUDISTA Y OBSERVACIONES

La concepción budista del universo, aunque haya formalizado ciertas ideas sobre el universo, su aparición y desaparición, sigue siendo una actitud y una filosofía de vida, mientras que la segunda se basa en la experimentación. Sin embargo, existen ciertos paralelismos entre ambos en lo que respecta al espacio y al vacío de nuestro universo.

El budismo siempre ha hablado de una innumerable multitud de universos. Nada impide la presencia de múltiples universos, ajenos entre sí, que coexisten o se suceden en un ciclo infinito. Se trata de una cosmología multidimensional, de naturaleza cíclica. Nuestro universo es sólo un punto en un universo infinitamente mayor. Como otros universos, ha aparecido y acabará desapareciendo, en un tiempo especificado en términos deliberadamente vagos: es la noción de kalpa.

Es el tiempo que tardaría un monje en barrer por completo una montaña tan grande como el Everest pasando un ligero pañuelo de seda por su superficie una vez cada cien años. Esto no es una medida de tiempo. El budismo considera cuatro períodos de cambio, cada uno de los cuales corresponde a un kalpa. Tal ciclo de cuatro kalpas es el ciclo de aparición, existencia, desaparición y retorno al vacío de los sucesivos universos.

No se puede plantear la cuestión de cuándo empezó nuestro universo porque su nacimiento fue también el del tiempo y el espacio. Cuándo y dónde nació nuestro universo no tiene sentido.

Sólo conocemos el 4% de nuestro universo, es decir, su masa visible. El 96% restante es prácticamente desconocido para nosotros: el 20% es “materia oscura” y el 76% es lo que se llama “energía oscura”. El problema de la materia oscura es que no interactúa con la materia visible, por lo que ha sido imposible observarla hasta ahora.

Todo el resto de nuestro universo, la gran mayoría, está formado por energía oscura. Esto es un verdadero enigma científico, por lo que la expansión del universo se está acelerando.

Parece que cuanto más vacío hay en nuestro universo, más aumenta su expansión, precipitando su futuro hacia la dilución total. La energía oscura aparece como un vacío dinámico. Todo nuestro universo es un fenómeno, una forma particular de la vacuidad universal.

Puede sugerirse un paralelismo entre el nacimiento de nuestro universo en el Big Bang y su expansión acelerada, con los conceptos de los kalpas de aparición y disolución de los universos.

 

CONCLUSIÓN

Saber, dentro de esta práctica espiritual que todo nuestro universo es esencialmente vacío nos ayuda a convencernos de que nuestra propia vida es efímera. Desarrollar el sentido de que venimos de una inmensidad cuyo origen está espacialmente en ninguna parte o en todas partes nos impide creernos especiales, nos ayuda a no apegarnos a nuestra propia existencia.

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